sábado, 15 de agosto de 2020

¿ves que lo peor no es ser lorita?

«Peor es ser lorita» me dijo el Toto, desobediente. Las loritas, les dicen loritas que son verdes como los loros, pero más chicas que un mosquito, como un mosquito recién nacido verde, que anoche yo estaba con el velador prendido a repasar las tablas y se llenó de loritas, los bichitos de la luz que viven una noche sola. Y tac-toc me golpeaban contra el cuaderno y a veces pic-pac que golpean contra la pared, que vuelan sin mirar. El Toto «viven una sola noche», y yo no podía creer, y después se tienen que morir a la fuerza, mientras está la luz prendida dan vueltas. Alrededor del velador, y cuando yo apago que empiezo a rezar y el Toto «me pongo a pensar en el fin del mundo» ¿él no reza? Cuando apago la luz las loritas se suben al cielo raso y ahí se quedan juntas y después a la mañana están todas muertas en el piso, y después la Felisa las barre y la pala está llena de loritas verdes. Yo no las espanté, que se diviertan un poco pobrecitas, que mañana están muertas, el Toto «viste pic-pac las loritas contra la pared, porque no ven, son como ciegas» y no bé cómo hacen para saber cuál es la mamá, y el Toto «deben volar juntas y no se separan, así saben cuál es la mamá y el nene» mientras dura la luz y después ya se van al techo y se quedan juntas hasta que se caen muertas, pero por suerte todas al mismo tiempo, no se mueren un día la madre y al otro día el nene que se queda solo, ¿ves que lo peor no es ser lorita? ¡mocoso! peor Jesús que sufre los clavos y ve sufrir a la Virgen María al pie de la cruz llorando por él, qué sonso sos, porque todos los días son loritas nuevas, a la noche ponen los huevos y mueren todas, y al otro día de los huevos salen las loritas nuevas...
Manuel Puig, La traición de Rita Hayworth, VI, "teté, invierno 1942"

jueves, 30 de julio de 2020

¿Es tan feo Coronel Vallejos como dice Mita?

—¿Es tan feo Coronel Vallejos como dice Mita?
—No, Violeta. A mí me gustó bastante, ¿no es cierto mamá que no es tan feo? Cuando recién llegué al bajar del tren fue una impresión muy fea, porque no hay casas de altos, y parece todo muy chato. Es una zona de mucha sequía, así que no se ven muchos árboles. En la estación hay unos cuantos coches con caballos en vez de taxis, y a dos cuadras y media está el centro del pueblo. Hay unos pocos árboles, que se ve que crecen a duras penas, pero lo que no se ve es césped, por ninguna parte. Mita plantó pastito inglés ya dos veces, calculando especialmente el mes de abril, y sin embargo no le creció.
—Pero a fuerza de regar tanto los canteros del patio tiene lindas plantas en una especie de patio chico adonde da a la cocina, el comedorcito diario y la puerta del jol.
—¿Entonces no están feos?
—Cuando recién llegué me pareció feo Vallejos, pero la vida es muy tranquila. Mita tiene una sirvienta que le cocina y le limpia la casa, y la niñera para que le tenga el nene mientras ella está en el hospital. La adoran todos los pobres de Coronel Vallejos porque Mita no les mezquina algodón ni agua oxigenada, ni vendas.
—¿Es un lindo hospital nuevo?
—El farmacéutico que estaba a cargo del laboratorio antes de Mita mezquinaba todo como si todo fuera de él y no del hospital en realidad.
Manuel Puig, La traición de Rita Hayworth, Primera parte

sábado, 6 de junio de 2020

el terror

Vivimos en el terror porque la persuasión ya no es posible, porque el hombre se ha entregado por entero a la historia y porque no puede ya volverse hacia esa parte de sí mismo, tan verdadera como la histórica, que se le manifiesta ante la belleza del mundo y de los rostros; porque vivimos en el mundo de la abstracción, de las oficinas y de las máquinas, de las ideas absolutas y del mesianismo sin matices. Nos sentimos agobiados entre las gentes que creen tener la razón ya sea con sus máquinas, ya sea con sus ideas. Y para todos aquellos que sólo pueden vivir dialogando y en amistad con los hombres, ese silencio es el fin del mundo.

Albert Camus, La sangre de la Libertad, 1948

sábado, 23 de mayo de 2020

llanura

En el imperialismo planetario del hombre organizado técnicamente alcanza el subjetivismo humano su cúspide suprema, a partir de la cual se establecerá en la llanura la uniformidad organizada y se instalará ahí. Esta uniformidad pasará a ser el instrumento más seguro del dominio completo, a saber, técnico, sobre la tierra.
Martín Heidegger, La época de la imagen del mundo

domingo, 19 de abril de 2020

cuando la filosofía pinta el claroscuro ya un aspecto de la vida ha envejecido

«Al decir, aún, una palabra acerca de la teoría de cómo debe ser el mundo, la filosofía llega siempre demasiado tarde. Como pensar del mundo surge por primera vez en el tiempo después de que la realidad ha cumplido su proceso de formación y está realizada. Esto que el concepto enseña la historia lo presenta justamente necesario; primero aparece lo ideal frente a lo real en la madurez de la realidad; y después él crea este mismo mundo, gestado en su sustancia, en forma de reino intelectual. Cuando la filosofía pinta el claroscuro ya un aspecto de la vida ha envejecido y en la penumbra no se le puede rejuvenecer, sino sólo reconocer: el búho de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo.» 
 Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Filosofía del derecho, 1820

jueves, 9 de abril de 2020

ciudad dichosa

Pero sabía que, sin embargo, esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva. No puede ser más que el testimonio de lo que fue necesario hacer y que sin duda deberían seguir haciendo contra el terror y su arma infatigable, a pesar de sus desgarramientos personales, todos los hombres que, no pudiendo ser santos, se niegan a admitir las plagas y se esfuerzan, no obstante, en ser médicos.

Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.

Albert Camus, La peste, párrafos finales

sábado, 28 de marzo de 2020

habiendo durado mucho el mal, el bien está cerca

"Sábete Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca".

Miguel de Cervantes,
Don Quijote de la Mancha.

martes, 17 de marzo de 2020

se acerca la hora

En el verano de este año de 1955 volvió a tener lugar de nuevo en Lindau el encuentro internacional de los premios Nobel. En esta ocasión, el químico norteamericano Stanley dijo lo siguiente: «Se acerca la hora en que la vida estará puesta en manos del químico, que podrá descomponer o construir, o bien modificar la sustancia vital a su arbitrio.» Se toma nota de semejante declaración. Se admira incluso la audacia de la investigación científica y no se piensa nada al respecto. Nadie se para a pensar en el hecho de que aquí se está preparando, con los medios de la técnica, una agresión contra la vida y la esencia del ser humano, una agresión comparada con la cual bien poco significa la explosión de la bomba de hidrógeno.

¿Qué gran peligro se avecinaría entonces? Entonces, junto a la más alta y eficiente sagacidad del cálculo que planifica e inventa, coincidiría la indiferencia hacia el pensar reflexivo, una total ausencia de pensamiento. ¿Y entonces? Entonces el hombre habría negado y arrojado de sí lo que tiene de más propio, a saber: que es un ser que reflexiona. Por ello hay que salvaguardar esta esencia del hombre. Por ello hay que mantener despierto el pensar reflexivo.

Sólo que la Serenidad para con las cosas y la apertura al misterio no nos caen nunca del cielo. No acaecen fortuitamente. Ambas sólo crecen desde un pensar incesante y vigoroso.

Martin Heidegger, Serenidad, 1955

miércoles, 25 de diciembre de 2019

La llegada

Chicos, padres,
chicas, despierten
despiértense, levántense,
reciban el domingo
con una sonrisa:
el mesías está en la puerta.
Desde el balcón hace un rato
que lo observo.
Chicas, chicos,
es la última vez,
no volverá a nuestra puerta,
recibámoslo.

Ha caminado un largo camino
nuestro mesías, parece cansado.
La espalda encorvada, la mirada baja.
Está hace media hora
sentado en el umbral
mientras la oscuridad no se disipa
y una fila de hormigas le trepa por las piernas.

Familia,
¡levántense!
El primero que le abra la puerta
con un beso
será su preferido.
Lloverán bendiciones sobre su cabeza.
Todo, todo va a cambiar.
No más esto,
no más, porque ha llegado él,
el que los años nos enseñaron a esperar.

¿Pero, qué pasa?
¿Por qué duermen?
¿Qué sueño los lastra?
¿Sexual? ¿Una carrera
de fórmula uno? ¿La cara
de un muerto amado?
Todo eso mañana
 va a dejar de importar.
Yo,
la mujer de la casa,
velo.

Aunque ¿no estaré
yo misma
en mi propio sueño?
Mi sueño del mesías,
tal como lo pensé,
flaco, alto, pelilargo,
vestido como un croto,
¿no será realmente un croto
cansado, harto
de caminar, que se sentó
en nuestro umbral
a ver las hormigas
trepar por sus piernas
hasta el torso? El más
hermoso de los sueños,
el querido por el corazón.

No crean que no los entiendo
cuando intento despertarlos.
Miraron tele hasta tarde.
Fueron a bailar.
Apenas raya el sol.
Las persianas bajas.
Pero, pero, vamos,
es él, es la última vez,
no habrá otra chance,
como lo esperamos él nos espera.

¿O acaso no creen?
¿Acaso no creían?
En cada bautismo,
comunión, casamiento,
entierro, ¿no creían?
¿No había esperanza?
¿Eramos como animalitos?
No, no puedo creer eso,
ahora que lo veo, puesto
en mi umbral.

Aunque tampoco en su sueño se engañen
con que yo, mujer de la casa,
no entiendo también eso.
Está tan lleno de pruebas el mundo
y decepciones. Cada cicatriz
endurece. Otras cosas
ocupan su lugar,
otras ganas, otros miedos,
el trabajo, las cosas, la familia,
poco a poco se vacía el pecho
de su imagen, hasta que al final
todo lo nuestro está vacío.
Vacío de la plétora del corazón.

Pero igual,
vamos, chicos, vamos,
a levantarse,
a ver quién será el primero
en ofrecerle un asiento cómodo,
un café con leche, nada más pide
a cambio de todo lo demás,
cabizbajo, cuando una hormiga rodea su ojo,
salgan del sueño trivial y mírenlo
y háganlo entrar.
Después todo será distinto,
créanme, a mí, que en mi vigilia
lo veo, poniéndose de pie,
mirando hacia un gorrión que pía,
sin volver la cara hacia mi cara,
arrastrando los pies, fatigado de esperar,
dando la vuelta, dirigiéndose
a la esquina, pasando la casa de María,
y dejándome sola, una señora vieja en camisón
que esperó y esperó y no
olvidó.
Alejandro Rubio, "Tres poemas católicos", Iron Mountain

domingo, 24 de noviembre de 2019

el control del universo

en sus comienzos
sólo sentía
poca cosa
y creía
saberlo todo
más tarde
habitado únicamente
por la duda, el dolor
el espanto
ante el misterio
de la vida
todo comenzó a flotar
y ahora
que lo sentía todo
creía
no saber nada

y sin embargo
del descuido
a la inquietud
del registro amoroso
de los comienzos
a la forma vacilante
pero esencial
del final
es
la misma fuerza central
que gobernó
el cine

Jean Luc Godard, Histoire(s) du cinéma, Le contrôle de l'univers