viernes, 17 de mayo de 2019

se le ha robado la juventud al cine

A. K.: Si viniera un visitante de Sirio, así como lo ha descrito Voltaire. ¿Cómo explicaría a ese extraterrestre que no sabe nada de nosotros, lo que es el cine? ¿Describiría el cine, la película o el contenido de la misma? ¿En concreto, que diría? Un libro no es.

JLG: -Trataría de explicarle que existe un aparato especial, la cámara, que es una metáfora de algo antiguo. Le diría que necesitamos ese aparato para ver a la humanidad, así como necesitamos un telescopio para ver a lo lejos, o un microscopio, para ver de cerca, o lentes, para ver mejor. Diría que es un aparato, que se invento a comienzos del siglo XX y de cuyos fieles seguidores surgieron algunos artistas. Pero creo que el cine ya no es ni lo que fue una vez ni lo que debería ser. Se le ha enajenado. Se le ha robado su juventud. No se ha seguido desarrollando, como si tuviera padres sobre-protectores que no quieren que sus hijos crezcan. La televisión y las comunicaciones de hoy son ese tipo de padres, que en realidad no quisieron tener ese hijo.

Conversación entre Alexandr Kluge y Jean-Luc Godard, 
extraída del film: Blinde Liebe – Gesprach mit Jean-Luc Godard (2001)

martes, 7 de mayo de 2019

la Eva de María Elena Walsh

Calle Florida, túnel de flores podridas.

Y el pobrerío se quedó sin madre llorando entre faroles sin crespones.

Llorando en cueros, para siempre, solos.

Sombríos machos de corbata negra sufrían rencorosos por decreto y el órgano por Radio del Estado hizo durar a Dios un mes o dos.

Buenos Aires de niebla y de silencio.

El Barrio Norte tras las celosías encargaba a París rayos de sol.

La cola interminable para verla y los que maldecían por si acaso no vayan esos cabecitas negras a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.

Y los grasitas con el corazón rajado, rajado en serio. Huérfanos. Silencio.

Calles de invierno donde nadie pregona El Líder, Democracia, La Razón.

Y Antonio Tormo calla “amémonos”.

Un vendaval de luto obligatorio.

Escarapelas con coágulos negros.

El siglo nunca vio muerte más muerte.

Pobrecitos rubíes, esmeraldas, visones ofrendados por el pueblo, sandalias de oro, sedas virreinales, vacías, arrumbadas en la noche.

Y el odio entre paréntesis, rumiando venganza en sótanos y con picana.

Y el amor y el dolor que eran de veras gimiendo en el cordón de la vereda.

Lágrimas enjuagadas con harapos, Madrecita de los Desamparados.

Silencio, que hasta el tango se murió.

Orden de arriba y lagrimas de abajo.

En plena juventud. No somos nada.

No somos nada más que un gran castigo.

Se pintó la República de negro mientras te maquillaban y enlodaban.

En los altares populares, santa.

Hiena de hielo para los gorilas pero eso sí, solísima en la muerte.

Y el pueblo que lloraba para siempre sin prever tu atroz peregrinaje.

Con mis ojos la vi, no me vendieron esta leyenda, ni me la robaron.

Días de julio del 52 ¿Qué importa donde estaba yo? II No descanses en paz, alza los brazos no para el día del renunciamiento sino para juntarte a las mujeres con tu bandera redentora lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.

Torciste el Riachuelo a Plaza Mayo, metiste a las mujeres en la historia de prepo, arrebatando los micrófonos, repartiendo venganzas y limosnas.

Bruta como un diamante en un chiquero ¿Quién va a tirarte la última piedra? Quizás un día nos juntemos para invocar tu insólito coraje.

Todas, las contreras, las idólatras, las madres incesantes, las rameras, las que te amaron, las que te maldijeron, las que obedientes tiran hijos a la basura de la guerra, todas las que ahora en el mundo fraternizan sublevándose contra la aniquilación.

Cuando los buitres te dejen tranquila y huyas de las estampas y el ultraje empezaremos a saber quién fuiste.

Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva, única reina que tuvimos, loca que arrebató el poder a los soldados.

Cuando juntas las reas y las monjas y las violadas en los teleteatros y las que callan pero no consienten arrebatemos la liberación para no naufragar en espejitos ni bañarnos para los ejecutivos.

Cuando hagamos escándalo y justicia el tiempo habrá pasado en limpio tu prepotencia y tu martirio, hermana.

Tener agallas, como vos tuviste, fanática, leal, desenfrenada en el candor de la beneficencia pero la única que se dio el lujo de coronarse por los sumergidos.

Agallas para hacer de nuevo el mundo.

Tener agallas para gritar basta aunque nos amordacen con cañones.

miércoles, 3 de abril de 2019

el principio de lo terrible

Pues la belleza no es nada sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente desdeña destrozarnos.

R. M. Rilke, Las elegías de Duino

viernes, 15 de marzo de 2019

no estábamos preparados

Yo era totalmente antiperonista mientras Evita vivía. Y me hice totalmente peronista después de su muerte. No estaba preparado para Evita, yo. Como no hubiésemos estado preparados para entender a los caudillos, por ejemplo. Éramos hijos del despotismo ilustrado. Creíamos en la inteligencia, no en la sabiduría. Creíamos en la erudición, no en la cultura. No sabíamos que la cultura era la memoria de los pueblos. Y que toda cultura que no es popular no es cultura. Éramos unos idiotas, ¿no?

Dalmiro Sáenz

sábado, 19 de enero de 2019

interpretacionismo democrático y no verdad

El interpretacionismo democrático -sea postanalítico o posestructuralista- permite satanizar sutilmente -sin el satanismo explícito del Prólogo del Nunca Más- la violencia que no sea simbólica, la violencia que no sea la de una interpretación contra otra interpretación. Toda violencia que se lea a sí misma como primera -como violencia material justa y necesaria para instaurar una interpretación contra otra interpretación, como violencia creadora de derecho en lugar de conservadora del derecho, como violencia que está en el origen del orden y puede irrumpir en cualquier momento, como violencia que siempre está presente en el contrato, por muy pacíficos que sean los contratantes, porque el poder que lo garantiza también es de origen violento- queda asociada al pasado reciente: a la lucha a muerte en términos de verdad, no al conflicto de las interpretaciones en términos de no verdad.

El interpretacionismo, en el retorno de la democracia, es un ismo no consecuente, porque tiene que hablar de no verdad y, a la vez, de mal absoluto. Por eso no es aplicable, retroactivamente, a toda la historia argentina.

Silvia Schwarzböck, Los espantos

viernes, 18 de enero de 2019

postdictadura y no verdad

La parte no alfonsinista de la cultura alfonsinista, por eso, fue foucaultiana. La parte alfonsinista, en cambio, hizo primar en sus bibliografías la filosofía analítica que, para la época del texto de Foucault (1965), ya había tenido su propio giro lingüístico: ella también desconfiaba de la verdad -la verdad científica como comienzo de toda investigación filosófica- en la que confiaba ciegamente, tomando como modelo a las ciencias duras, el Círculo de Viena, y hablaba de sí misma -agregándose el prefijo post- como filosofía postanalítica. También por la vía postanalítica se podía llegar -y menos laberínticamente que por la vía foucaultiana- a la ausencia de comienzo, a la interpretación infinita, a la no verdad.

Esta doctrina del no comienzo, de la interpretación infinita, de la no verdad -aprendida por la vía postanalítica o por la vía postestructuralista- enseñaba a entender, como parte de un giro lingüístico que excedía a la Argentina, por qué la democracia no podía empezar, sino sólo retornar

Silvia Schwarrzböck, Los espantos. Estética y postdictadura

jueves, 17 de enero de 2019

preparado para la no verdad

A partir de 1984, Nietzsche, Marx, Freud (1965), de Michel Foucault, se incorpora, como lectura obligatoria, a los programas de "Introducción a la filosofía" (que suele ser una materia inicial - con ese nombre u otro parecido- en todas las carreras de humanidades). Lo obligatorio a aprender, para la vida en democracia, de un texto inmediatamente anterior a la Noche de los Bastones Largos, es la primacía de la interpretación: no existe un comienzo ni un fundamento último para la vida en común; la vida en común es un sistema de signos; y los signos son malévolos; la malevolencia del signo -su ambigüedad estructural, explica el profesor- es inextinguible, porque todas las interpretaciones son interpretaciones de interpretaciones; cada signo es una interpretación de otra interpretación; y esta interpretación infinita - entiende finalmente el alumno- no es otra cosa que la democracia. La democracia es interpretación infinita porque no hay comienzo sino retorno. La democracia postdictatorial es retorno a (o de) la democracia - como se dice en 1984 y como se sigue diciendo hasta hoy-. La democracia nunca podría haber sido comienzo.

La filosofía de la sospecha, a partir de 1984, se convierte en instrucción cívica. Sospechar de la verdad es un buen principio para la vida en común. Bajo esta premisa, Marx no es un teórico de la revolución. Nietzsche no es el autor de La voluntad de poder -la autoría, como imputación, se transfiere a su hermana protonazi- y Freud no es el teórico burgués del Edipo ni el inspirador de la liberación sexual del freudomarxismo. Marx no interpreta las relaciones de producción, sino la interpretación que las ha naturalizado: interpretándolas como una interpretación, demuestra que se ha instituido no por su verdad, sino por medio de la violencia. La etimología de la palabra bueno (agathós) en la Genealogía de la moral, muestra no sólo que todas las palabras son interpretaciones de interpretaciones, sino que esas interpretaciones las instituyen las "clases superiores" (o las "clases dominantes" en el vocabulario marxiano). Freud interpreta en el lenguaje de sus pacientes lo que sus pacientes le ofrecen como síntomas: la interpretación del analista es la interpretación de la interpretación del paciente. El síntoma es una interpretación, contra la cual el psicoanálisis inventa otra interpretación.

Después de entender cuál es el legado eminentemente contemporáneo de Nietzsche, Marx y Freud - es decir, qué es lo que hace que ellos no pasen a retiro junto con la teoría burguesa y la teoría proletaria-, el alumno ya sabe, para el resto de su vida en democracia, que todas las interpretaciones se instituyen por la violencia (en lugar de imponerse por su verdad) y se destituyen por la violencia (en lugar de caer por su falsedad): el signo es una máscara que recubre la interpretación y, por eso mismo, la interpretación siempre está obligada a interpretarse a sí misma, a volver sobre sí bajo la preguntaa "¿quién?" (¿quién ha propuesto la interpretación?) y no "¿qué?" (¿qué referente tiene?).

Una vez entendida la no verdad de la vida en común, el alumno saca del texto de Foucault una conclusión que nunca podría llevarlo a la violencia política (ni siquiera a simpatizar con ella): la violencia -de la que hablan los filósofos de la sospecha- es la violencia de una interpretación contra otra interpretación. La violencia no es otra cosa que el conflicto entre las interpretaciones. No hay violencia originaria. No hay violencia primera. Ni hay contraviolencia (no hay violencia del Pueblo de la que pueda decirse, después de leer a Foucault, que no es violencia). Además, por si fuera poco, la democracia es lo suficientemente violenta, en términos simbólicos, como para buscar violencia fuera de los límites discursivos. El alumno que saca estas conclusiones está debidamente preparado para la democracia, es decir, para la no verdad.

Silvia Schwarzböck, Los espantos. Estética y postdictadura

domingo, 13 de enero de 2019

(soñando a no sé quién, en no sé dónde)

soñaba en vos
pensaba en cuántos tiempos se deshilacha el tiempo
y dónde estás
por qué ya no te veo
y se hace tarde
y si mi sueño ocurre en otro lado
y lloraba en el sueño
o en otra parte
no sé si por los tiempos
o por mí

(soñando a no sé quién, en no sé dónde)

miércoles, 9 de enero de 2019

esa sensación de impunidad, propia del que se siente vencedor antes de haber vencido

Las fotografías de Abu Ghiraib muestran un campo de concentración que, incluso en su concepto, no se parece más a Auschwitz. "Actúan como si fueran turistas: mientras filman y archivan, no temen causas legales", declaró Ronald Rumsfeld sobre el comportamiento de los soldados norteamericanos durante la ocupación de Irak. Esa sensación de impunidad, propia del que se siente vencedor antes de haber vencido, no deja indemne al objeto: el objeto se pornografiza.

Que el campo de concentración se deje ver implica no sólo que lo que sucede en su interior (su clandestinidad, su terror específico) se planifica para ser visto, sino que la mirada que está en condiciones de no cerrar los ojos, cuando se le muestren sus imágenes, excede al círculo de los verdugos. El estado más avanzado de la miradda, para ser espectador de lo explícito, le corresponde a un sujeto anónimo, en cuyo lugar se pone el verdugo cuando se autofotografía (o se hace fotografiar) junto a su víctima.

Quien difunde esta clase de imagen, aunque no sea la misma persona que la registra, sospecha que existe el mismo tipo de frialdad (una frialdad maquínica) y el mismo tipo de ligereza (la liviandad de lo portátil) en el archivo que en la cámara. Así, la imagen concentracionaria se graba en la retina antes que en el cerebro, opera sobre el ojo antes que sobre el inconsciente, interpela al yo espectador (capaz de disociarse de su psiquismo e identificarse con la cámara) en lugar de interpelar al yo psicológico (capaz de identificarse, catárticamente, con el dolor ajeno). Cuando a esta mirada posthumana se le ofrece, en imágenes explícitas, el campo de concentración, lo archiva en una memoria digital, portátil, liviana, externa a su cuerpo, infinitamente más amplia (y menos selectiva) que la que ha recibido de la naturaleza.

Silvia Schwarzbock, Los espantos

viernes, 28 de diciembre de 2018

esa tormenta me dio miedo

De pronto me acordé de algo. Proyectábamos hace algunos años La orilla que se abisma en un pueblo de Entre Ríos. El público era variado, algunos habían leído la poesía de Juan L. Ortiz, otros no. No eran demasiados los espectadores, unos veinte. Quizás por eso pude prestarle atención a una mujer, de unos setenta años, en el fondo de la sala, que permaneció inmóvil durante el rato que duró la charla posterior. Parecía prestar atención a los comentarios, pero también ajena a todo, como hundida en un estado indescifrable. Terminó la charla, la mujer se acercó y me dijo: "Toda mi vida viví en el campo... esa tormenta me dio miedo". Se refería a una pequeña secuencia de la película. No dijo nada más, me miró unos instantes y se fue. Ahora pienso en el poder afectivo de la lluvia, de su ligazón emocional con todos nosotros. Hay algo primario en ese vínculo con la naturaleza, un modo de estar a merced de, una forma de intemperie. La lluvia despliega en nosotros un saber de características dobles, ancestral y arcaico, por un lado: personal por otro.

Gustavo Fontán, "Lluvias", Marzo de 2015, El lago helado