miércoles, 14 de junio de 2017

así la noche iluminada

De alguna parte simple de mí mismo
que no consigo agotar
tomé una bendición para las flores
que se crispaban en la noche
como puños celosos de amor
como nudos
que nadie puede deshacer sin destruirlos
La nueva mañana me arropó
en una bruma azul
como el polvo bajo un traje de boda
Después seguí al día
como una nube de pesadas ovejas
detrás del judas
ascendiendo por una rampa rodeada de sangre
hasta el terror de cada edificio negro.

Diez años, viajes sellados, sueños no ganados
Risas que intentaban tentarme hacia la ancianidad
vertidas por amigos, estrellas, carne desconocida, mulas, mar
conocimiento súbito de cuerpos, materia y espíritu
que aprendidos lentamente hubieran hecho sonreír a la muerte
Historias convertidas en teorías
que tan sólo rogaban ser expuestas una vez y otra
chicas que flotaban sobre los capullos de mi boca
con un musculoso beso triangular
de boca ordinaria a boca secreta.

No obstante, mi homenaje a ustedes, pegajosas flores
rabinos verdes y rojos que sirven al sol como bandejas
Al final me ofrecieron el dogma que me enseñaron
a desdeñar y yo, como buen alumno, lo desdeñé
Caí bajo los campos diagramados como el fragmento
de una estatua perfecta, con estratos de ciudades edificadas encima
Las vi poderosas y felices
de que no pudiera llegar vivo a la época de la cosecha
de que fuera un verdadero ciudadano de la tierra lenta
luz y esplendor
en las huertas durmientes
que penetran entre los árboles
como la procesión de una boda en una película muda
entrando bajo los arcos de las ramas
sólo por amor
Desde una colina observaba
respirar a las flores del manzano
que aspiraban la plata de la noche
como peces comiendo las esferas
de aire del agua del río
Así la noche iluminada
alimentaba a las huertas dormidas
mientras entraban ramas en las bóvedas
como una sagrada procesión
Larga vida al poder de los ojos
Larga vida a los escalones invisibles
que los hombres pueden leer en una montaña
Larga vida a la máquina desconocida
o al corazón
que por deseo o accidente
vierte con gracia de vencedor
un clima infinitamente perfecto
sobre las criaturas perfectas
que amamanta el mundo.

Leonard Cohen, "Three good nights"
Montreal / Julio 1964