sábado, 31 de enero de 2015

a mí me va bien

Si al país le va mal, a mí me va bien. Porque la gente me consulta más justamente por la incertidumbre, los temores que tiene. Mi rol es bueno porque les baja los niveles de ansiedad a las personas, doy consejos para pasar estos momentos. Es como el médico: vas a verlo cuando estás enfermo y te ayuda a estar mejor. Tengo mucho trabajo, pero no le soluciono los problemas sino que los tranquilizo. Y está bueno aclarar eso. Tengo más trabajo pero cobro menos porque le va mal a la gente (ríe con una carcajada).

Tomás Bulat, revista Noticias, 7 de octubre de 2014

viernes, 30 de enero de 2015

oh, la impotencia de la hipocresía para ocultarse

Pero “ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas” (enseñando al pueblo que este es el cristianismo del Nuevo Testamento) y “adornan las tumbas de los justos” (poniendo constantemente juntos el dinero y el cristianismo) y dicen “si nosotros” — sí, si ustedes hubieran vivido en el tiempo de los profetas, los habrían asesinado, es decir, habrían permitido ocultamente, como de hecho sucedió, que el pueblo lo hiciera y cargara con la culpa. Sin embargo, en vano se ocultan ustedes en la “cristiandad”; lo que está oculto queda revelado cuando la Verdad juzga: “así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres, y colman la medida de sus padres, pues ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros.” En vano se hacen los santos, en vano intentan al construir los sepulcros de los justos, mostrar cuán diferentes son de los impíos que los mataron. ¡Oh, la impotencia de la hipocresía para ocultarse! Fueron descubiertos. Justamente el construir los sepulcros de los justos y decir “si nosotros”, justamente esto es matarlos, es ser hijos legítimos de aquellos impíos, hacer lo mismo que ellos, es ser testigos de los actos de los padres, aprobarlos, “colmar la medida de los padres”, es decir, hacer lo que es aún peor.

Soren Kierkegaard. El instante

jueves, 29 de enero de 2015

hipócritas

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos, 30) diciendo: “Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas”! 31) De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas. 32) ¡Colmen entonces la medida de sus padres! 33) ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo podrán escapar a la condenación de la Gehena?

(Mt 23,29-33. 29) 

¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado! 48) Así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres: ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros.

(Lc 11,47-48. 47) 

miércoles, 28 de enero de 2015

soy quien fallé ser

Ah, quem escreverá a história do que poderia ter sido?
Será essa, se alguém a escrever,
A verdadeira história da humanidade.
O que há é só o mundo verdadeiro, não é nós, só o mundo;
O que não há somos nós, e a verdade está aí.
Sou quem falhei ser.
Somos todos quem nos supusemos.
A nossa realidade é o que não conseguimos nunca.

7-12-1933
 "Pecado original", Poesias de Álvaro de Campos. Fernando Pessoa

¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido? 
Yo que soñaba despierto ya no sueño dormido
con quién estarás ahora 
quién te va a dar de comer
en el día mundial de la mujer.

"El día mundial de la mujer", Andrés Calamaro, Honestidad brutal

martes, 27 de enero de 2015

el indignado occidente libre

¿A quién beneficia la masacre de Charlie Hebdo? No hay más que ver la marcha del indignado Occidente libre por las calles de París. Era la OTAN. Ahora, los bombardeos en Oriente, las masacres, los daños colaterales –muertes de niños, mujeres y ancianos– se intensificarán. Y todos dirán que “con razón”. Porque todos son Charlie.

José Pablo Feinmann, "Reflexiones sobre estos días agitados", Página 12, 25/1/2015

domingo, 25 de enero de 2015

dejar de mirar

Sobre la mirada (muerta) de un conejo. Se puede empezar por la muerte de la mirada de un conejo. Por suerte es lo único que vi morir hasta el momento y en cierto modo lo peor que me ha pasado en la vida por lo menos en lo que atañe a la cercanía de la muerte como experiencia presente, físicamente inmediata y visible. Estuve en varios velorios pero nada se compara a lo que me pasó con ese bicho. Lo había traído apenas un par de semanas antes y durante todo ese tiempo no dejó de dar vueltas por la casa. Un día, sin embargo, me sorprendió no verlo pasar a cada rato. Me puse a buscarlo hasta que finalmente lo encontré en una de las piezas, respirando ya con extrema dificultad. Ver la muerte de alguien es verlo dejar de mirar, notar la ausencia de mirada en los ojos: el vacío, la falta. No me refiero al cierre de los párpados, sino al fundido gradual de la mirada. Si morir es entre otras cosas dejar de mirar, el espectáculo de la muerte consistirá en ver justo ese instante en el que la mirada deja de serlo, se fija, se disuelve, se apaga. Ese quedarse de buenas a primera sin devolución posible de la mirada, sin respuesta del ojo del otro habituado a garantizar nuestra presencia tiene que ser la experiencia más insoportable de todas, que no es la del dolor inflingido, sino la del vacío.

Marcos Vieytes; Subjetiva de nadie

sábado, 24 de enero de 2015

pérdida

La memoria "rebelde, corcoveante, difícil de domar", se dice entre muchas voces, que no siempre son afines pero que pueden articularse. El asunto es ese: no acallar las voces discordantes con la propia, sino sumarlas para ir armando, en lugar de un puzzle en que cada pieza tiene un solo lugar, una especie de calidoscopio que reconoce distintas figuras posibles.

Historizar es una forma de unir lo que fue con lo que es, en este caso, reconocer las violencias pasadas en las presentes, las "violencias en democracia", como el gatillo fácil o el asesinato de militantes sociales. Pero también es romper esas continuidades para indagar en las diferencias.

En fin, el ejercicio de la memoria es, sobre todo, una recuperación del sentido, así como el olvido sistemático es la pérdida de todo sentido -del sentido- o, en otros términos, la locura.

Pilar Calveiro, Política y/o violencia, "Memorias"

miércoles, 21 de enero de 2015

las vidas de quienes

Ante la publicación de las fotos de Abu Ghiraib, yo había intentado relacionar tres términos distintos en mi esfuerzo por comprender la dimensión visual de la guerra en relación con la pregunta: qué vidas son dignas de duelo y qué otras vidas no lo son. En el primer caso, hay normas, explícitas o tácitas, que dictaminan qué vidas humanas cuentan como humanas y como vivientes, y qué otras no. Estas normas están determinadas en cierto grado por la pregunta de cuándo y dónde la pérdida de una vida merece llorarse y, correlativamente, cuándo y dónde la pérdida de una vida no merece ser llorada y es irrepresentable. Esta formulación algo expeditiva no pretende excluir esas vidas que son, a la vez, lloradas y no lloradas, que están marcadas como perdidas pero que no son plenamente reconocibles como una pérdida, como, por ejemplo, las vidas de quienes viven con la guerra como trasfondo intangible pero persistente de la vida cotidiana.

Estas normas sociales y políticas de carácter amplio operan de muchas maneras, una de las cuales es la inclusión de marcos que rigen lo imperceptible, que ejercen una función delimitadora, que enfocan una imagen a condición de que quede excluida cierta porción del campo visual. La imagen así representada significa su admisibilidad en el ámbito de la representabilidad, lo que, a su vez, significa la función delimitadora del marco, al tiempo que, o precisamente porque, no lo representa. En otras palabras, la imagen, que se supone que es portadora de la realidad, aparta, de hecho, la realidad de la percepción.

Judith Butler, "La tortura y la ética en la fotografía", Kilómetro 111 | Ensayos sobre cine, n° 12, 2014

martes, 20 de enero de 2015

nosotros

“La gran mayoría de los culpables [del atentado a la AMIA] ya está en el otro mundo, y eso lo hicimos nosotros”.

Itzhak Aviran, ex embajador de Israel en Buenos Aires entre 1993 y 2000,
Agencia Judía de Noticias (AJN), enero de 2014

cineastas y críticos

Los malos cineastas (triste lo de ellos) no tienen ideas. Los buenos cineastas (este es su lìmite) tienden a tener demasiadas ideas. Los grandes cineastas (especialmente los inventores) tienen solo una. Esta idea los hace capaces de seguir en movimiento, para llevar esa idea única a través de paisajes siempre renovados e interesantes. El precio a pagar es bien conocido: una cierta soledad. ¿Y qué pasa con los grandes críticos? Lo mismo, excepto que no hay ninguno. Cambian (en otra cosa, pasan de moda, se vuelven cineastas), logran (primero ser famosos, después fastidiar) y finalmente aburren. Todos menos uno. Entre 1943 y 1958 (año de su muerte: no tenía más que cuarenta años), André Bazin fue ese único crítico. Junto con Henri Langlois fue el otro gran cineasta “bis” de su época. Langlois tenía una idea fija: mostrar que todo el cine merecía ser conservado. Bazin tuvo la misma idea, pero al revés: mostrar que el cine conservaba lo real y que más que señalarlo o imitarlo, lo embalsamaba. No faltaron metáforas lo suficientemente hermosas o macabras para decirlo: máscara mortuoria, molde, momia, huella, fósil, espejo.

Serge Daney, Ciné journal, volumen 2 II / 1983-1986

domingo, 18 de enero de 2015

destrucción de pre-humanos

La justificación por la que merece la pena matar sólo puede ser entendida en el contexto particular de una nación concreta. Por ejemplo, cuando los periodistas estadounidenses empezaron a decir que el Islam era una sociedad 'pre-moderna' y que su población aún no había alcanzado la modernidad, en verdad estaban diciendo que esas sociedades no se ajustaban a las ideas de persona-humana que nosotros habíamos alcanzado gracias a la modernidad. Por tanto, esas poblaciones aún no habían logrado la condición de 'ser humano' que nosotros sí tenemos. En otras palabras, la destrucción de esas sociedades no era otra cosa que la destrucción de pre-humanos.

sábado, 17 de enero de 2015

una pregunta cándida

¿Es Mahoma el problema de Europa?

revolución

El progreso no radica en la gesticulación revolucionaria. No solo el progreso no radica ante todo en la gesticulación revolucionaria, sino que, a decir verdad, si tuviéramos que rehacer la revolución, no la reharíamos. Y en este aspecto hay un texto que es de sumo interés: "Poco importa que la revolución de un pueblo colmado de ánimo, que hemos visto realizarse en nuestros días [se trata pues de la revolución francesa], triunfe o fracase, poco importa que acumule miserias y atrocidades", y que las acumule a tal extremo, dice Kant, "que un hombre sensato que volviera a hacerla con la esperanza de llevar a buen puerto jamás se resolvería, no obstante, a intentar la experiencia a ese precio". En primer lugar, por tanto, lo importante no es el proceso revolucionario mismo. Importa poco que este triunfe o fracase, eso no tiene nada que ver con el progreso o, al menos, con el signo del progreso que buscamos.  El fracaso o el éxito de la revolución no son signo de progreso o signo de que no lo hay. Más aún, si alguien, conocedor de la revolución y sabedor de cómo se desarrolla, tuviera a la vez la posibilidad de conocer lo que ella es y, pese a ello, llevarla a un final feliz, pues bien, al calcular el precio necesario para hacerla, ese hombre sensato no la haría. En consecuencia, la revolución, lo que se hace en la revolución, no es importante. Aun más, la revolución es algo que no debe hacerse.

Lo que sí es importante, en cambio, lo que tiene sentido y va a constituir un signo de progreso, es que, alrededor de la revolución, hay, dice Kant, una simpatía de aspiración que roza el entusiasmo.

(Michel Foucault, El gobierno de sí y de los otros, 
comentando el texto de Immanuel Kant "El conflicto de las facultades")

jueves, 15 de enero de 2015

enseguida

Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y enseguida anochece.

 Salvatore Quasimodo, Aguas y tierras, "Y en seguida anochece"

miércoles, 14 de enero de 2015

tercer término

Ituzaingó, mediados del siglo xx: yo era niña. Supongo que a todos los niños les ocurrirá lo mismo, pero a mí se me daba por pensar en el futuro. Nadie podrá borrar el horizonte dibujado e impreso por el imaginario familiar y social, por lo tanto pensaba clichés: me casaría, tendría hijos, una casa quizá, ni siquiera osaba imaginar un coche. Hoy reconozco la estrechez edípica de mi pasado futuro posible.

Pero me siento un tanto reivindicada pues, a pesar de esas pretensiones descaradas, me preocupaban también otras adornadas con delicados estucos. Quiero creer que no eran heredadas. Parecería que las hubiera parido yo misma. Pensaba en el tercer milenio y pensaba en la verdad. En el milenio, porque pensaba que no estaría viva para disfrutar de esa especie de metrópolis policromada que serían las ciudades venideras. Extrañamente, no me entristecía no estar para verlas, más bien me regocijaba con los dichosos que podrían deslizarse por ellas. Y pensaba en la verdad porque estaba segura de que con los años se revelaría con todo su esplendor; una verdad futura con agridulce sabor de manzanas. La esperanza de encontrar esa verdad se fabricó un lecho en algún rincón de mi ser. Si por algo no le temía a la vejez era porque creía que con ella se abrirían las compuertas del saber y todas las contradicciones se acurrucarían como un ovillo. Miraba la afelpada esfera de lana que colgaba de las agujas de mi abuela e imaginaba que así de redonda sería mi comprensión de todos los enigmas.

He de confesar que mis silenciosas fantasías se realizaron, pero invertidas. Aquello que parecía imposible, acaeció. Sobrevolé el pasaje de siglo. En cambio, lo que daba por seguro estalló en mil pedazos. No existe verdad totalizadora ni antes ni al final. Sin embargo, apareció un tercer término no pensado ni esperado, los encuentros

Esther Díaz, La filosofía de Michel Foucault, Prólogo a la quinta edición

martes, 13 de enero de 2015

Foucault y la otra vida

Para terminar, querría insistir en esto: no hay instauración de la verdad sin una postulación esencial de la alteridad; la verdad nunca es lo mismo, sólo puede haber verdad en la forma del otro mundo y la vida otra

 (Palabras de un apunte de la última clase que dio Michel Foucault, 
dos meses antes de morir, en 1984)

lunes, 12 de enero de 2015

95 a 1

Oh, Lutero, tú tienes noventa y cinco tesis, yo solamente una: el cristianismo jamás ha existido.

Søren Kierkegaard

viernes, 9 de enero de 2015

y colorín colorado, este cuento se ha acabado

Terroristas tuvieron una comunicación con el canal francés BFM. "Yo, Cherif Kouachi, fui enviado por Al Qaeda en Yemen. Yo fui allí y Anwar al Awlaki fue el que me dio financiamiento", dijo Cherif Kouachi, uno de los terroristas.
Fuente: acá.

jueves, 8 de enero de 2015

porquería

Domingo, 11 de junio [de 1967]. (…) Hablamos de la guerra entre árabes e israelíes. [Borges] Dice que espontáneamente todo el mundo está de parte de la barbarie, contra la civilización: “Qué porquería. Los fascina la bajeza. Si hubiera una guerra entre suizos y lapones, todos serían partidarios de los lapones. En una guerra entre un país bárbaro y uno civilizado, aunque la razón estuviera del lado de los bárbaros, habría que desear el triunfo de los civilizados, para bien del mundo. Es una suerte que españoles, ingleses y franceses conquistaran América, en lugar de que los pampas y los pieles rojas conquistaran Europa. En esta guerra entre árabes y judíos, todos los peronistas y comunistas, con certero instinto, eligieron el lado malo, el lado siniestro. Desde luego, los árabes de hoy no son los que levantaron la Alhambra. Ni los egipcios, los egipcios de los faraones y de las pirámides: son los nómades que vencieron a los egipcios; la gente de Omar que quemó la Biblioteca y que hubieran derribado las pirámides, si hubiesen podido. Es como si a la gente que sucesivamente vivió en una casa de departamentos la llamaran con el mismo nombre. Y, entre nosotros, tampoco los judíos son los judíos del Talmud. Son señores de Alemania, de Polonia, de Francia, de Italia, de Argentina. Son occidentales: por eso derrotaron a los asiáticos y a los africanos”. 

Adolfo Bioy Casares y Daniel Martino. Borges

miércoles, 7 de enero de 2015

unitario

Yo quería ser varón, cosa que nunca me atreví a confesar a Ernestina, tan grande era su desprecio hacia los hombres.

Tal vez por esa razón su hijo Delfín fue siempre un otario. Pedí a Diego y Rafael que alternasen con él, pero aunque aplicaron toda su voluntad para satisfacerme jamás pudieron contra la obstinación de esa criatura que acabó siendo unitario, afeminado e inútil para cualquier trabajo.

Fogwill, "Memoria de paso", Cosas de mujeres

martes, 6 de enero de 2015

¿usted qué quiso decir?

A cierta altura, un escritor debe conocer los trucos para no caer en la trampa de explicar o poner cosas de más. Llega un momento en que uno es el crítico indicado de lo que está haciendo, si no, es un boludo. Entonces uno explica lo que quiere demostrar en el poema, como un teorema, en lugar de jugarse a la sugestión, en lugar de dejar una invitación abierta. Estoy pensando en Valéry, en su vacilación entre sonido y sentido. También hay que tener en cuenta que cuando la cosa está bien dicha, bien dicha está, pero está cerrada en un significado y hay una precisión absoluta. Está el otro modo que lo puede practicar el mismo escritor que es sugerir, y entonces queda abierto, una palabra que no dice del todo o que dice sin decir. "¿Usted qué quiso decir?" "No sé, quise decir el poema." Cuando a Borges le preguntaron lo mismo contestó que no era a él a quien tenían que preguntarle eso, sino que había que buscarlo en los estantes de los libros escritos para interpretar su obra, él simplemente la había escrito...

Leónidas Lamborghini, Mescolanza, 1

lunes, 5 de enero de 2015

prudencia

Puede decirse que hace lo que puede aquel que, considerando con prudencia la inutilidad de exponerse a lo que sea sin tener la seguridad de un provecho personal perfectamente palpable, se escapa por la tangente y deja a los otros arreglarse como puedan, e incluso se une al enemigo para conseguir un más decisivo y ventajoso resultado de la lucha. Actuar de otro modo implica correr voluntariamente el riesgo de recibir un mal golpe, lo que es absurdo.

(León Bloy, Exégesis de lugares comunes, Segunda serie, 22)