domingo, 8 de abril de 2018

ni siquiera la lluvia

En algún lugar al que nunca viajé, felizmente más allá
de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más frágil hay cosas que me encierran
o que no puedo tocar por estar demasiado cerca.

tu mirada más ínfima me libera
aunque yo esté cerrado como un puño,
tú siempre abres, pétalo a pétalo, como la primavera,
(misteriosa, hábil) abre su primera rosa.

o si quieres cerrarme, yo y
mi vida vamos a cerrarnos de manera súbita y hermosa,
como cuando el corazón de esa flor imagina
la nieve cayendo suavemente en todas partes.

nada que podamos percibir en este mundo iguala
el poder de tu intensa fragilidad, cuya textura
me compele con el color de sus prados,
a volver a la muerte y la eternidad en cada respiro.

(yo no sé qué hay contigo que cierra
y abre, solo algo en mí comprende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan chiquitas.

E. E. Cummings, “Nobody, Not Even the Rain”.

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