lunes, 17 de abril de 2017

donado, no buscado

Frecuentemente ni siquiera hay que proponerse la tarea de salir a cazar ideas para atraparlas, elaborarlas, variarlas y apropiarlas. Suele ocurrir que estamos trabajando y de pronto todo es agotamiento. La actividad se atasca. Hay que tomar distancia. Se escucha música o se lee, se consultan las redes, se pasea, se sueña o nos permitimos el aburrimiento. Y cuando se retoma la tarea a veces se descubre que los nudos se desataron. Se renovaron las estrategias. La vida y sus circunstancias nos nutrieron de un saber vicario. Un saber donado, no buscado. Descubrimos entonces -con gozo espiritual- que ya no necesitamos procurar conceptos ajenos, porque la idea sin que nos diéramos cuenta, nos fue dada. 
 Esther Díaz