jueves, 23 de junio de 2016

a los que no les descuentan la jubilación los traen aquí

Médicos que se interesaron lograron que la Sociedad de Escritores me entregue una pequeña subvención. Ahora, para mí, esta gente constituye una incógnita. No sé quiénes son. El único que he visto es loco. Maltrata a cualquiera. Pero no se da cuenta. No tiene la menor conciencia de sus actos ni de sus dichos. Llego ahí un día para cobrar. Porque me dan mil pesos por mes. Y me dice: ¿Y los dibujos? Yo le contesté: no hago nada. Y él insiste a los gritos. Haragán. Haragán. Y después se dio vuelta y casi con un susurro me dice: ¿No me reconoce? Y se puso a orinar en el medio de un enorme patio. Por supuesto que lo había reconocido. Pienso que esta persona está loca. Un auténtico loco. Me he enterado que mató a la esposa. Le puso un sapo en la boca que la llenó de veneno. Es un loco y un asesino. Pero no está internado porque trabaja. Así también hay muchos que han cometido delitos y no los tocan. Una persona puede estar dominada por la más grande demencia, pero si justifica una actividad rentada nunca será internada. En cambio, a los que no les descuentan la jubilación los traen aquí. Claro que es muy difícil que una persona loca sirva para tareas delicadas, como es por ejemplo la construcción o la relojería. Sin embargo, no logro imaginar para qué sirve un tesorero. Para mí esa gente es sospechosa...

(Palabras de Jacobo Fijman transcriptas por Vicente Zito Lema en 
El pensamiento de Jacobo Fijman o el viaje hacia la otra realidad)

martes, 21 de junio de 2016

hace años que no me resfrío

Estuve por toda España. Después Francia. Bélgica. Olvidos... Antes Portugal, en Lisboa. Viviendo en Florencia varios meses. En Francia tomaba vino blanco, todas las mañanas una copa. Recorrí los conventos romanos. Desde el interior, aunque no haya sol,  se puede ver cualquier montaña. En Florencia iba al convento de San Marcos; en cada una de sus celdas había pintado Fray Angélico. Los colores del cielo eran a veces conocidos por los hombres... En una celda pequeña, resguardada por un perro con cabeza de triángulo, estaba el cadáver de San Buenaventura. Cuyos libros he podido después leer en la biblioteca de los benedictinos.

Volví a Buenos Aires. La encontré cambiada. Convertida en una ciudad de maldiciones. Por la depravación. Trabajé en muchísimos diarios. Pero fuera de la comida no me pagaban nada. Solo comida; fideos, un poco de vino... paraba en el único hotel del pueblo. Después se desataron las iras. Y otra vez en ese alto camino que había empezado a recorrer... Los médicos me aplicaron el electroshock. Y ciertamente parece que me hizo bien. Hace años que no me resfrío. El mal no sé cuál era. Tenía una confusión terrible. Desesperado, quería saber, cuál era el mal... dónde estaba localizado...

(Palabras de Jacobo Fijman transcriptas por Vicente Zito Lema en 
El pensamiento de Jacobo Fijman o el viaje hacia la otra realidad)

lunes, 20 de junio de 2016

quítese la ropa

En Bélgica quise ordenarme, entrar en un convento. Hacer una completa vida penitencial. Escapar a ciertas sombras que por entonces me perseguían... Pero me lo impidieron. Se dieron cuenta de que les conocía sus vicios. Las tremendas culpas que los corroen... Me echaron. Abusando de sus poderes de autoridad. De la facultad de administrar los sacramentos. Y esto es una situación general. También sucede en nuestra ciudad. Iba con frecuencia a San Francisco de Asís. Allí estudiaba el ars magna de Raimundo Lulio. Una tarde que estaba anotando y leyendo, vinieron los padres a saludarme. Se ve que me conocían, al menos de nombre. Y después de oírme exponer -no recuerdo qué exponía de Lulio-, con admiración me dijeron: "Quítese la ropa. Queremos analizar los testículos de un verdadero sabio".

Después me ofrecieron chocolate. Y tomé chocolate. Ellos también tomaron.

(Palabras de Jacobo Fijman transcriptas por Vicente Zito Lema en 
El pensamiento de Jacobo Fijman o el viaje hacia la otra realidad)

sábado, 18 de junio de 2016

cenizas y polvo eres

Estando en Madrid, resolví dar con el cajón o la caja de don Miguel de Cervantes y Saavedra. Por libros que había leído, por lo que fuera. La cuestión es que me enteré de que estaba en un cementerio del convento de Alcalá. Tomé un tren para Alcalá. Bajé. Y me encontré muy pronto con un cementerio lleno de cajas. Estaba por ejemplo la caja de Cervantes, la de Sancho Panza, la de la Gitanilla... De pronto, una de las monjas que regaba el jardín -no recuerdo que hubiera flores- me dijo que la priora quería hablar conmigo. Me presenté a ella y me ofreció abrir la caja de don Miguel de Cervantes y Saavedra. La trajeron. La pusieron en posición vertical. Y pude darle la mano al padre del Quijote. Estaba ya en un estado de completa descomposición. Pero no tenía mal olor. Ni nada. Únicamente estaba lleno de polvo. De cenizas. Por aquello mismo de las Escrituras. Polvo y cenizas. Cenizas y polvo eres. Y al polvo volverás. También estaban los restos de Sancho Panza. Pero no los saludé. Se ve que las monjas cobraban por permitir los saludos. A otros. A mí no.

(Palabras de Jacobo Fijman transcriptas por Vicente Zito Lema en 
El pensamiento de Jacobo Fijman o el viaje hacia la otra realidad)


martes, 14 de junio de 2016

es demasiado bella la noche de oro de muros y banderas luminosas

Los ojos mueren en la alegría de la visión desnuda de carne y de palabras,
en la tierra desnuda y en el cielo desnudo,
en el día desnudo y en la noche desnuda bajo los cielos todo crecidos.
Es demasiado bella la noche de oro de muros y banderas luminosas.
Corremos en la noche de plata bajo la noche de oro.
Tierra desnuda, tierra perfecta, cielo desnudo,
Cielo perfecto.
Voces desnudas de la voz eterna.
En la noche de oro nos llaman las campanas,
Y oímos el vuelo de las palomas desde la noche de plata bajo la noche de oro.

Jacobo Fijman, Estrella de la mañana, I

miércoles, 8 de junio de 2016

ya se me canta aceite de júbilos

Roe mi frente dura
el lobo de la media noche.
Una escondida estrella arrima su sosiego.
Entre todos los soles ya se me canta aceite de júbilos.
Siento en mis manos venir la estrella de la mañana.

Jacobo Fijman, Estrella de la Mañana, VI

martes, 7 de junio de 2016

toda mi carne mortal recoge la blanca limosna del misterio

Extiendo mis brazos hacia el silencio descansado que inmortaliza la lejanía.
Caen océanos en las noches obscuras de nuestras adolescencias en Dios.

Herido en mi canto
por uniones del azar
toda mi carne mortal recoge la blanca limosna del misterio.

Siento venir el fresco gusto del alumbrar;
Siento venir entre olas de la desesperanza maduros imperios.

Agito los ramajes.
Danzo en la gracia de todas las familias de la tierra y el universo.

Jacobo Fijman, Hecho de estampas, IV

sábado, 4 de junio de 2016

ha caído mi voz, mi última voz, que aún guarda mi nombre

Ha caído mi voz, mi última voz, que aún guarda mi nombre.

Mi voz: pequeña línea, pequeña canción que nos separa de las cosas.

Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades blancas.

Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.
Mi voz es fría y sucia como la piel de los muertos.

Jacobo Fijman, Hecho de estampas, VI

viernes, 3 de junio de 2016

pongo este llanto dichoso de mi alma

Pongo este llanto de mi llanto por todas las soledades que esperan las bodas de la tierra.
Pongo este llanto de soledad perfecta;
pongo este llanto dichoso de mi alma;
pongo este llanto de acabado recogimiento por el árbol caído y el animal caído
por la tierra caída del éxtasis más alto de su nacimiento.

Pongo este llanto de mi llanto por las soledades en la dichosa semejanza:
soledad de los ríos y las lunas en la dichosa semejanza:
soledad de los ríos y los soles en la dichosa semejanza:
soledad de los ríos y los soles de ríos y de lunas y de soles en la dichosa semejanza.

Pongo este llanto por los ríos; pongo este llanto
por las lunas; pongo este llanto por los soles.

Jacobo Fijman, Estrella de la mañana, XXXVI