sábado, 8 de octubre de 2016

y como tengo que actuar en el instante

Como tengo que actuar en el instante, debo, ay, despedirme de ti, amable distancia en la que no había que correr detrás de nada, siempre con tiempo, donde podía esperar horas, días, semanas para encontrar la expresión exacta a la que quería llegar, mientras que ahora debo romper con todas esas mimosas consideraciones de enamorado. Y como tengo que actuar en el instante habrá una cantidad de hombres que me obligarán, al menos una vez, a tomar en consideración todo lo insignificante que la mediocridad discursea dándose gran importancia y con aire doctoral, todo el galimatías que, por traerlo consigo, la mediocridad saca de lo que escribo, toda la mentira y la difamación a las que está expuesto un hombre contra quien los dos grandes poderes de la sociedad -la envidia y la necedad- deben necesariamente confabularse.

¿Por qué quiero actuar en el instante? Porque me arrepentiría eternamente de no hacerlo, y eternamente me arrepentiría si me dejara amilanar por el hecho de que la generación actual, sin duda, encontrará a lo sumo interesante y rara una exposición verdadera de lo que es el cristianismo, pero después se quedará tranquila donde está, creyendo que es cristiana y que el cristianismo de cotillón de los curas es cristianismo". 
 Søren Kierkegaard, El instante nª 1, 24 de mayo de 1855

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