miércoles, 7 de septiembre de 2016

la danza que goza al salpicar sangre

Muchos cuerpos bailan
en el carnaval de la mano dura,
esa danza que disfruta salpicar sangre,
que experimenta el éxtasis en la vigilancia y el castigo.
En esta y todas las semanas
mataron a 3 pibes acá en la villa donde vivo
(3 negros de mierda según la doxa sierva)
todos amigos que regalaron su testimonio
a esta quietud que ronda en lo inerte
escribiendo en ¿Todo Piola?
actuando en mis películas,
ninguno superaba los 18 años.
Como acostumbra el espesor de la historia
la burguesía no puede permitir a los pobres
ser mano de obra en el arte,
a lo sumo decorado,
garantía de investigaciones antropologicas
a lo sumo un arte que reproduzca
la moral de la eterna desigualdad
a lo sumo será objeto exótico
a retratar por otras manos.
Debe sentir culpa por ser pobre,
el es el dueño absoluto de las escobas
el que justifica el sueldo de muchos periodistas.
A lo sumo debe custodiar orgulloso las posesiones
que nunca serán suyas,
agradecer lamiendo pies las migajas
que consiga en alguna limpieza de conciencia,
en alguna caridad aleatoria.
Mis 27 años de vida fueron de muerte.
Y seguirán muriendo. Mi temple no se perturba.
Sobre las ruinas del futuro
se construye un solido presente.
Las muertes se multiplican
corazones reducidos a una estadistica
el resultado es la ausencia del amor
hay muertes que generan "debate"
y otras que no.
Jerarquía nupcial,
el mercado hasta en la morgue
hasta en los gusanos de tu cuerpo
se manifiesta la lucha de clases.
Las muertes de los pobres son ejemplificadoras,
ejecutoras de justicia,
merecidas y partes del karma
el que quiere puede,
decía Mussolini eufórico y rabioso
matar al enemigo de las villas
pastilla aliviadora para el cáncer de la indiferencia.
-¿Mañana vuelve el sol?
-Dicen que si.
-Entonces es posible otro valle.
Una valle sin Mussolinis explícitos ni moleculares.

César González, 6/7/2016

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