sábado, 18 de junio de 2016

cenizas y polvo eres

Estando en Madrid, resolví dar con el cajón o la caja de don Miguel de Cervantes y Saavedra. Por libros que había leído, por lo que fuera. La cuestión es que me enteré de que estaba en un cementerio del convento de Alcalá. Tomé un tren para Alcalá. Bajé. Y me encontré muy pronto con un cementerio lleno de cajas. Estaba por ejemplo la caja de Cervantes, la de Sancho Panza, la de la Gitanilla... De pronto, una de las monjas que regaba el jardín -no recuerdo que hubiera flores- me dijo que la priora quería hablar conmigo. Me presenté a ella y me ofreció abrir la caja de don Miguel de Cervantes y Saavedra. La trajeron. La pusieron en posición vertical. Y pude darle la mano al padre del Quijote. Estaba ya en un estado de completa descomposición. Pero no tenía mal olor. Ni nada. Únicamente estaba lleno de polvo. De cenizas. Por aquello mismo de las Escrituras. Polvo y cenizas. Cenizas y polvo eres. Y al polvo volverás. También estaban los restos de Sancho Panza. Pero no los saludé. Se ve que las monjas cobraban por permitir los saludos. A otros. A mí no.

(Palabras de Jacobo Fijman transcriptas por Vicente Zito Lema en 
El pensamiento de Jacobo Fijman o el viaje hacia la otra realidad)


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