jueves, 23 de junio de 2016

a los que no les descuentan la jubilación los traen aquí

Médicos que se interesaron lograron que la Sociedad de Escritores me entregue una pequeña subvención. Ahora, para mí, esta gente constituye una incógnita. No sé quiénes son. El único que he visto es loco. Maltrata a cualquiera. Pero no se da cuenta. No tiene la menor conciencia de sus actos ni de sus dichos. Llego ahí un día para cobrar. Porque me dan mil pesos por mes. Y me dice: ¿Y los dibujos? Yo le contesté: no hago nada. Y él insiste a los gritos. Haragán. Haragán. Y después se dio vuelta y casi con un susurro me dice: ¿No me reconoce? Y se puso a orinar en el medio de un enorme patio. Por supuesto que lo había reconocido. Pienso que esta persona está loca. Un auténtico loco. Me he enterado que mató a la esposa. Le puso un sapo en la boca que la llenó de veneno. Es un loco y un asesino. Pero no está internado porque trabaja. Así también hay muchos que han cometido delitos y no los tocan. Una persona puede estar dominada por la más grande demencia, pero si justifica una actividad rentada nunca será internada. En cambio, a los que no les descuentan la jubilación los traen aquí. Claro que es muy difícil que una persona loca sirva para tareas delicadas, como es por ejemplo la construcción o la relojería. Sin embargo, no logro imaginar para qué sirve un tesorero. Para mí esa gente es sospechosa...

(Palabras de Jacobo Fijman transcriptas por Vicente Zito Lema en 
El pensamiento de Jacobo Fijman o el viaje hacia la otra realidad)

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