viernes, 18 de diciembre de 2015

mitre, el diseñador de un país librecambista, portuario y exportador de granos

Las guerras civiles del siglo XIX se desarrollaron teniendo como motivo económico fundamental la nacionalización de la aduana del puerto de Buenos Aires. Cuando las mismas concluyeron con el triunfo de los intereses del puerto en la Batalla de Pavón, en 1861, el modelo agro-importador representado por Mitre, continuador de las políticas de Rivadavia, con sus coroneles asesinos (Paunero, Sandes, Riva, Arredondo, Flores, Irrazabal), varios de ellos con su nombres identifican calles de Buenos Aires, exterminó a los caudillos norteños denostados como bárbaros, quienes eran los representantes embrionarios de un proyecto nacional. Se impuso la civilización con olor a bosta complementaria de Inglaterra; y como el Paraguay era el ejemplo de políticas económicas contrarias al librecambismo triunfante, los comerciantes de los puertos de Buenos Aires y Montevideo, en alianza con la corte portuguesa asentada en el Brasil e impulsados por Gran Bretaña, concretaron la infame guerra de la Triple Alianza que exterminó a dos tercios de la población paraguaya a lo largo de cuatro años de heroica resistencia y contra la promesa de Mitre que en tres meses llegarían a Asunción. El modelo agroimportador había triunfado y esa victoria parecía definitiva. Cuando en estas tierras sucedía esto, en el norte del continente, en EE.UU comienza la guerra de secesión que cuatro años después concluye con el triunfo del norte industrial. La finalización diferente de estas dos historias explica el desarrollo de EE.UU y el subdesarrollo de la Argentina.

Hugo Presman, La alegría de los ganadores


martes, 15 de diciembre de 2015

la falsificación de la historia realizada por mitre

La falsificación de la historia realizada por Mitre, que escribió la misma desde la visión de los ganadores, llevó a la grosera impostura ideológica de colocar a San Martín y Rivadavia en la misma vereda. El traductor del Dante y comandante de la guerra infame contra el Paraguay, calificó a Rivadavia como “el más grande hombre civil en la tierra de los argentinos” y San Martín resultaba lo mismo en el plano militar, situando a ambos en el mismo campo (hoy diríamos en el mismo modelo), cuando en realidad eran enemigos irreconciliables. 

San Martín tenía una visión americana y Rivadavia meramente portuaria. El primero creía en una nación continental que no pudo concretarse precisamente por los intereses que representaba Rivadavia de los comerciantes del puerto de Buenos Aires. San Martín participó en el derrocamiento del Primer Triunvirato, centralista y antipopular, creación de Rivadavia, el cual lo integraba en carácter de secretario. 

San Martín desobedeció las órdenes de Rivadavia de hacer intervenir el ejército que preparaba en Mendoza para actuar contra los caudillos provinciales: una forma clara de rechazar la obediencia debida alegada un siglo largo después por los genocidas de la dictadura establishment- militar. El clima adverso de los intereses portuarios le impidió regresar a Buenos Aires cuando su mujer se moría. Una carta que recibió del gobernador de Santa Fe Estanislao López le decía: “ Sé de una manera positiva por mis agentes en Buenos Aires que a la llegada de V.E. a aquella capital, será mandado a juzgar por el gobierno en un consejo de guerra de oficiales generales, por haber desobedecido sus órdenes haciendo la gloriosa campaña de Chile, no invadir Santa Fe y la expedición libertadora del Perú. Para evitar este escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y del pueblo que presido, por haberse negado V.E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos, con los cuerpos del ejército de los Andes que se hallaban en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a V. E. que a su solo aviso estaré con la provincia en masa a esperar a V.E. en el Desmochado, para llevarlo en triunfo hasta la Plaza de la Victoria. Si V.E. no aceptase esto, fácil me será hacerlo conducir con toda seguridad por Entre Ríos hasta Montevideo”. 

San Martín, en sendas cartas a O’Higgins del 20 de octubre de 1827, a Guido del 27 de abril de 1829 y al chileno Polenzuelos del 22 de agosto de 1842, enjuicia a Rivadavia en la siguiente forma: “Ya habrá sabido Usted la renuncia de Rivadavia. Su administración ha sido desastrosa y sólo ha contribuido a dividir los ánimos. Me cercó de espías y mi correspondencia era abierta con grosería. El me ha hecho una guerra de zapa sin otro objeto que minar mi opinión….. Yo he despreciado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona…. En mayo de 1823, cuando resolví venir a Buenos Aires, (desde Mendoza), para dar el último adiós a mi mujer, se apostaron partidas en el camino para prenderme como a un facineroso”. Por tal causa, el libertador San Martín sólo pudo viajar en diciembre, cuando ya hacía cuatro meses que había fallecido su esposa, o sea, el 3 de agosto de ese año. “Sería cosa de nunca acabar, si se enumerasen las locuras de aquel visionario –dice San Martín- creyendo improvisar en Buenos Aires la civilización europea con sólo los decretos con que diariamente llenaba lo que se llama archivo oficial”.

domingo, 13 de diciembre de 2015

hablan incendios

Desde su origen, en nuestro país hay dos modelos en disputa y ninguno tiene la fortaleza política de imponerse definitivamente sobre el otro. Eso está presente en las divisiones surgidas inmediatamente desde el mismo 25 de mayo de 1810. Como uno de los tantos testimonios de época están las cartas que Guadalupe Cuenca, la compañera de Moreno, le escribe a su marido que sospechosamente ya había muerto en alta mar en un buque británico cuyo capitán, ante los dolores que lo aquejaban, le dio una dosis de antimonio, 26 veces superior a lo tolerado por el cuerpo humano y sin consultar con el hermano del revolucionario jacobino que lo acompañaba. Iba a comprar armas para la revolución amenazada y ese 4 de marzo de 1811 es arrojado al mar envuelto en una bandera inglesa. La noticia de su muerte llega a Buenos Aires el 14 de octubre de ese año. En una de las conmovedoras cartas que le envía Guadalupe a su marido ya muerto, el 20 de abril de 1811, da cuenta de la situación: “A Azcuénaga lo han desterrado a Mendoza; y a Posadas y a Larrea a San Juan; a Peña a la punta de San Luis; French, Beruti, Donado, el Dr Vieytes y Cardoso a Patagones; hoy te mando el manifiesto para que veas cómo mienten estos infames. Del pobre Castelli hablan incendios, que ha robado, que es borracho, que hace injusticias, no saben cómo incriminarlo… Ya está visto que los que se han sacrificado son los que salen peor que todos; el ejemplo lo tienes en vos mismo y en estos pobres que están padeciendo después que han trabajado tanto, y así mi querido Moreno, ésta y no más, porque Saavedra y los pícaros como él son los que se aprovechan y no la patria, pues a mi parecer lo que vos y los demás patriotas trabajaron está perdido porque estos no tratan sino de su interés particular".

miércoles, 2 de diciembre de 2015

analfabeto político

El peor analfabeto es el analfabeto político. 

No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. 

No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. 

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. 

No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.
Bertolt Brecht, "El analfabeto político"