miércoles, 25 de noviembre de 2015

lo importante son los q se quedan

QUIERO Q LA GENTE SE PIERDA / Q NO ENTIENDA / O ENTIENDA TODO
Q SE CONFUNDA / Q SE PREGUNTE/ Q PIENSE/ Q VIAJE /O Q SE VAYA
XQ LO IMPORTANTE SON LOS Q SE QUEDAN
XQ LO IMPORTANTE SON LAS PELICUL4S
Y SI NO. MIREN MAS DE LO MISMO
SI TOTAL EN LA PRIMERA PORCION DE PIZZA
YA NI SE ACUERDAN
DE Q SE TRATABA


(Raúl Perrone)

miércoles, 18 de noviembre de 2015

luchar por la esclavitud o por la libertad

La forma última del biopoder, en la medida en que abarca absolutamente el control sobre la vida de las personas, se presenta actualmente como devaluación, ajuste de salarios, privatización de la enseñanza y de los principales bienes del Estado, entre otras medidas carentes de sensibilidad social.

La construcción del mercado mundial consiste en la destrucción monetaria de los mercados nacionales y/o regionales y en la subordinación de los mercados genuinos a las necesidades de las potencias financieras. Obviamente, en momentos de crisis un Estado no entregado a la voracidad del capital global requiere reacomodamientos. Pero una cosa es el ajuste que decidimos hacer en el interior de una familia (léase: Estado Nacional) por instancias coyunturales que así lo requieran; y otra que los representantes del mercado global se metan en la casa de esa familia (léase: Estado Nacional) para imponer medidas drásticas e irreversibles.

“Hay que echar a 10.000 empleados públicos” dijo Domingo Cavallo en épocas que no deberíamos olvidar. “¿Qué ocurrirá con esas familias que de pronto se quedan sin el sustento y, en varios casos, sin posibilidad de encontrar otro trabajo?, le preguntaban algunos periodistas. “Ese no es nuestro problema –contestaba el Ministro de Economía de la Nación- nuestro problema es que las cuentas cierren”. Todos sabemos cómo siguió: destrucción de la industria nacional, las calles inundadas de familias sin techo, varios jóvenes, muchos de ellos profesionales con títulos emitidos por nuestras universidades públicas y gratuitas, yéndose a trabajar de camareros a Miami, cuando su ilusión era ser yuppies, como aspiraban a serlo en la Argentina; fuga de cerebros, infartos, familias desgarradas y más.

Para peor el capital internacional tiene otro aliado: los medios. Existen muchísimas personas que al votar no consideran loss beneficios que un Estado no entregado al imperio aportó a sus vidas: AUH, jubilación para más del 90% de las personas mayores de sesenta años, subsidios para todos los servicios y trabajo en blanco, entre otros beneficios que les permiten vivir dignamente. Pues pesa más el aspecto físico, gestual o de estilo de los candidatos (o, lo que es inadmisible, de los que ya no son candidatos) que los proyectos que presentan o esconden. Aboguemos para no caer, el próximo domingo, bajo la sentencia de Spinoza: “Los pueblos luchan por su esclavitud como si fuera por su libertad”.

Esther Díaz, inédito

martes, 17 de noviembre de 2015

evitar que el cántaro se rompa o llorar sobre la leche derramada

Macri: “Los fotógrafos se van a pelear por la imagen de Cristina dándome la banda presidencial”. 

Infante Juan Manuel: "Cuando vio el cántaro de leche roto comenzó a hacer un gran duelo, viendo que había perdido todo lo que proyectaba que iba a hacer si el cántaro no se hubiera quebrado". 
 (De lo que le aconteció a una mujer llamada doña Truhana)
Recopilado por Esher Díaz

domingo, 8 de noviembre de 2015

mientras espero un dios que acaso ya está aquí, pisoteado, bajo la suela de mis zapatos

La noche desciende. Puedo abrir la ventana,
aullar políticamente
sobre la multitud que ocupa la calle
y pedir por todo el mundo
una respuesta a las estrellas.
Pero el rumor es triste y monótono allá abajo.
Debo suponer, sin embargo,
que en cada rostro hay una razón
para seguir andando y a su modo
cada uno canta en la jaula de sus pulmones.
Atorado de materia convencional
yo también necesito de la poesía
mientras espero un dios
que acaso ya está aquí, pisoteado,
bajo la suela de mis zapatos.

Joaquín Giannuzzi, "La noche desciende"

jueves, 5 de noviembre de 2015

40 años sin Pier Paolo

Hay que condenar
severamente a quien
crea en los buenos sentimientos
y en la inocencia.

Hay que condenar
igual de severamente a quien
ame al subproletariado
carente de conciencia de clase.

Hay que condenar
con la máxima severidad
a quien escuche en sí mismo y exprese
los sentimientos oscuros y escandalosos.

Estas palabras de condena
han empezado a resonar
en el corazón de los Años Cincuenta
y han continuado hasta hoy.

Mientras tanto la inocencia,
que efectivamente existía,
ha empezado a perderse
en corrupciones, abjuraciones y neurosis.

Mientras tanto el subproletariado
que efectivamente existía,
ha acabado por convertirse
en una reserva de la pequeña burguesía.

Mientras tanto los sentimientos
que eran por su naturaleza oscuros
han sido atropellados
en la añoranza de las ocasiones perdidas.

Naturalmente, quien condenaba
no se dio cuenta de todo eso:
él continúa riéndose de la inocencia,
desinteresándose del subproletariado

y declarando los sentimientos reaccionarios.
Continúa yendo de casa
a la oficina de la oficina a casa,
o si no enseñando literatura:

es feliz por el progresismo
que le hace parecer sagrado
el deber enseñar a los domésticos
el alfabeto de las escuelas burguesas.

Es feliz por el laicismo
por lo que es más que natural
que los pobres tengan casa
coche y todo lo demás.

Es feliz por la racionalidad
que le hace practicar un antifascismo
gratificante y elegido,
y sobre todo muy popular.

Que todo esto sea banal
ni siquiera se le pasa por la cabeza:
en efecto, que sea así o que no sea así,
él nada se mete en el bolsillo.

Habla, aquí, un mísero e impotente Sócrates
que sabe pensar y no filosofar.
el cual tiene sin embargo el orgullo
no sólo de ser un entendido

(el más expuesto y descuidado)
en los cambios históricos, sino también
de estar directamente
y desesperadamente interesado en ellos.

Pier Paolo Pasolini, “Versos sutiles como rayas de lluvia”

domingo, 1 de noviembre de 2015

soy partidista, odio a los indiferentes

Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes.

La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?

Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.

Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la conciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes.