lunes, 7 de septiembre de 2015

maldigo profano y santo, cuánto será mi dolor

Maldigo del alto cielo
la estrella con su reflejo
Maldigo los azulejos
destellos del arroyuelo
Maldigo del bajo suelo
la piedra con su contorno
Maldigo el fuego del horno
porque mi alma está de luto
Maldigo los estatutos
del tiempo con sus bochornos
Cuánto será mi dolor.

Maldigo la cordillera
de los Andes y la costa
Maldigo señor la angosta
y larga faja de tierra
también la paz y la guerra
lo franco y lo veleidoso
Maldigo lo perfumoso
porque mi anhelo está muerto
Maldigo todo lo cierto
y lo falso con lo dudoso
Cuánto será mi dolor.

Maldigo la primavera
con sus jardines en flor
y del otoño el color
yo lo maldigo de veras
A la nube pasajera
la maldigo tanto y tanto
porque me asiste un quebranto
Maldigo el invierno entero
con el verano embustero
Maldigo profano y santo
Cuánto será mi dolor.

Maldigo a la solitaria
figura de la bandera
Maldigo cualquier emblema
la venus y la araucaria
el trino de la canaria
el cosmos y sus planetas
la tierra y todas sus grietas
porque me aqueja un pesar
Maldigo del ancho mar
sus puertos y sus caletas
Cuánto será mi dolor.

Maldigo luna y paisaje
los valles y los desiertos
Maldigo muerto por muerto
y al vivo de rey a paje
al ave con su plumaje
yo la maldigo a porfía
Las aulas, las sacrsitias
porque me aflije un dolor
Maldigo el vocablo amor
con toda su porquería
Cuánto será mi dolor.

Maldigo por fin lo blanco
lo negro con lo amarillo
obispos y monaguillos
ministros y predicantes
yo los maldigo llorando
Lo libre y lo prisionero
lo dulce y lo pendenciero
le pongo mi maldición
en griego y español
por culpa de un traicionero
Cuánto será mi dolor.

Violeta Parra, "Maldigo del alto cielo"

jueves, 3 de septiembre de 2015

si no querés que te pise, no te me crucés por la lleca que vas a ganar una beca para ir a estudiar teología allá con la virgen María

De lo que podía comprarme, lo mejor que vi fue la moto. Es como si fuera un piloto y las calles son sólo nubes. Salgo de bailar en los clubes, me llevo una pinta prendida: con la moto vivo la vida. Fue mucho mejor que comprarme un radiograbador estéreo. Yo prefiero, te digo en serio, antes que soñar con sonidos ordenados por algún vivo y bancar cualquier ocurrencia, conseguir mi propia experiencia. Con la moto vivo la mía y no la de los del Suquía. Me compré por fin una moto como la que yo siempre quise, y si no querés que te pise, no te me crucés por la lleca que vas a ganar una beca para ir a estudiar teología allá con la virgen María. No quisiera ser tu verdugo pero yo la calle la arrugo. Por eso te doy un consejo: para conservar tu pellejo, no salgás a la calle, viejo, salvo si es un caso de urgencia. Y si fuera así, por prudencia tené bien a mano a la vista tu carné de la mutualista. Eran muchas cuotas pero mes a mes yo me las arreglaba, iba por las calles y decía para mí: me compré la moto, me compré la moto y la pago de a poco.

Leo Masliah, La moto

martes, 1 de septiembre de 2015

y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla
y un bastón con empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve).

Leopoldo María Panero, "A MI MADRE (reivindicación de una hermosura)" en Poemas del manicomio de Mondragón