martes, 15 de diciembre de 2015

la falsificación de la historia realizada por mitre

La falsificación de la historia realizada por Mitre, que escribió la misma desde la visión de los ganadores, llevó a la grosera impostura ideológica de colocar a San Martín y Rivadavia en la misma vereda. El traductor del Dante y comandante de la guerra infame contra el Paraguay, calificó a Rivadavia como “el más grande hombre civil en la tierra de los argentinos” y San Martín resultaba lo mismo en el plano militar, situando a ambos en el mismo campo (hoy diríamos en el mismo modelo), cuando en realidad eran enemigos irreconciliables. 

San Martín tenía una visión americana y Rivadavia meramente portuaria. El primero creía en una nación continental que no pudo concretarse precisamente por los intereses que representaba Rivadavia de los comerciantes del puerto de Buenos Aires. San Martín participó en el derrocamiento del Primer Triunvirato, centralista y antipopular, creación de Rivadavia, el cual lo integraba en carácter de secretario. 

San Martín desobedeció las órdenes de Rivadavia de hacer intervenir el ejército que preparaba en Mendoza para actuar contra los caudillos provinciales: una forma clara de rechazar la obediencia debida alegada un siglo largo después por los genocidas de la dictadura establishment- militar. El clima adverso de los intereses portuarios le impidió regresar a Buenos Aires cuando su mujer se moría. Una carta que recibió del gobernador de Santa Fe Estanislao López le decía: “ Sé de una manera positiva por mis agentes en Buenos Aires que a la llegada de V.E. a aquella capital, será mandado a juzgar por el gobierno en un consejo de guerra de oficiales generales, por haber desobedecido sus órdenes haciendo la gloriosa campaña de Chile, no invadir Santa Fe y la expedición libertadora del Perú. Para evitar este escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y del pueblo que presido, por haberse negado V.E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos, con los cuerpos del ejército de los Andes que se hallaban en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a V. E. que a su solo aviso estaré con la provincia en masa a esperar a V.E. en el Desmochado, para llevarlo en triunfo hasta la Plaza de la Victoria. Si V.E. no aceptase esto, fácil me será hacerlo conducir con toda seguridad por Entre Ríos hasta Montevideo”. 

San Martín, en sendas cartas a O’Higgins del 20 de octubre de 1827, a Guido del 27 de abril de 1829 y al chileno Polenzuelos del 22 de agosto de 1842, enjuicia a Rivadavia en la siguiente forma: “Ya habrá sabido Usted la renuncia de Rivadavia. Su administración ha sido desastrosa y sólo ha contribuido a dividir los ánimos. Me cercó de espías y mi correspondencia era abierta con grosería. El me ha hecho una guerra de zapa sin otro objeto que minar mi opinión….. Yo he despreciado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona…. En mayo de 1823, cuando resolví venir a Buenos Aires, (desde Mendoza), para dar el último adiós a mi mujer, se apostaron partidas en el camino para prenderme como a un facineroso”. Por tal causa, el libertador San Martín sólo pudo viajar en diciembre, cuando ya hacía cuatro meses que había fallecido su esposa, o sea, el 3 de agosto de ese año. “Sería cosa de nunca acabar, si se enumerasen las locuras de aquel visionario –dice San Martín- creyendo improvisar en Buenos Aires la civilización europea con sólo los decretos con que diariamente llenaba lo que se llama archivo oficial”.

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