miércoles, 18 de noviembre de 2015

luchar por la esclavitud o por la libertad

La forma última del biopoder, en la medida en que abarca absolutamente el control sobre la vida de las personas, se presenta actualmente como devaluación, ajuste de salarios, privatización de la enseñanza y de los principales bienes del Estado, entre otras medidas carentes de sensibilidad social.

La construcción del mercado mundial consiste en la destrucción monetaria de los mercados nacionales y/o regionales y en la subordinación de los mercados genuinos a las necesidades de las potencias financieras. Obviamente, en momentos de crisis un Estado no entregado a la voracidad del capital global requiere reacomodamientos. Pero una cosa es el ajuste que decidimos hacer en el interior de una familia (léase: Estado Nacional) por instancias coyunturales que así lo requieran; y otra que los representantes del mercado global se metan en la casa de esa familia (léase: Estado Nacional) para imponer medidas drásticas e irreversibles.

“Hay que echar a 10.000 empleados públicos” dijo Domingo Cavallo en épocas que no deberíamos olvidar. “¿Qué ocurrirá con esas familias que de pronto se quedan sin el sustento y, en varios casos, sin posibilidad de encontrar otro trabajo?, le preguntaban algunos periodistas. “Ese no es nuestro problema –contestaba el Ministro de Economía de la Nación- nuestro problema es que las cuentas cierren”. Todos sabemos cómo siguió: destrucción de la industria nacional, las calles inundadas de familias sin techo, varios jóvenes, muchos de ellos profesionales con títulos emitidos por nuestras universidades públicas y gratuitas, yéndose a trabajar de camareros a Miami, cuando su ilusión era ser yuppies, como aspiraban a serlo en la Argentina; fuga de cerebros, infartos, familias desgarradas y más.

Para peor el capital internacional tiene otro aliado: los medios. Existen muchísimas personas que al votar no consideran loss beneficios que un Estado no entregado al imperio aportó a sus vidas: AUH, jubilación para más del 90% de las personas mayores de sesenta años, subsidios para todos los servicios y trabajo en blanco, entre otros beneficios que les permiten vivir dignamente. Pues pesa más el aspecto físico, gestual o de estilo de los candidatos (o, lo que es inadmisible, de los que ya no son candidatos) que los proyectos que presentan o esconden. Aboguemos para no caer, el próximo domingo, bajo la sentencia de Spinoza: “Los pueblos luchan por su esclavitud como si fuera por su libertad”.

Esther Díaz, inédito

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