miércoles, 21 de octubre de 2015

oh viaje difícil

Ahora bien, la locura es no sé si una muerte en vida o un renacimiento. En cualquiera de los casos es un proceso humano y no marciano. Y la psiquiatría es la consideración no humana de lo humano.

Por el contrario, la literatura moderna es un texto sin nadie, un texto no-humano, pero un texto humano en su proceso de circulación social. Y escribir, ser otro hombre es todo lo que se puede -y ni siquiera eso- en un manicomio, donde se castiga hasta la menor irregularidad, hasta tener pajaritos en la celda, como el hombre de Alcatraz. La carrera moral del enfermo mental, como dijera Erving Goffman, es adelgazar hasta ser sólo un texto de antipsiquiatría y, hablando de paranoia, una maquinaria de tragar veneno.

Oh viaje difícil, oh labor improbus, oh experiencia límite de aquel que ha cruzado ya el límite. Y así, hasta llegar a la muerte de verdad, como perfecta experiencia límite. Y, siendo Jesucristo, o tal vez sólo un loco como en Ordet, de Theodor Dreyer, resucitar y ser un resucitado, y volver de la nada sin nada de abrigo.

Ah, el hombre al que nadie quiere, ah, el hombre sin nadie, el borracho en el límite del abismo. Ah, el hombre enemigo del hombre, el hombre que ya no es hombre, sino una equis en la ecuación. Ah, el temor más horrible, más horrible que un ángel es ser un hombre, alguien machacado por la vida, destruido por la letra: hubo aquí alguien que existió y se llamó "Panero".

Leopoldo María Panero, Prueba de vida. Autobiografía

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