sábado, 13 de junio de 2015

Hay días en los que río con mi risa triste

Hay días en los que río con mi risa triste. Mi risa equilibrista que cae, me río entonces con el fracaso, risotada de tronco hueco que se mantiene en pie por lo que alrededor florece. 

Hoy soñé con mi abuelo, estábamos capturados. Nos pedían concentración, que tocáramos música y que nos peináramos los unos a los otros. Nos obligaban a construir pianos antiguos de madera. Por las noches nos vendaban las manos para que no crecieran, porque pequeñas y delicadas sirven para llegar hasta las cuerdas. 

Mi madre decidía el lugar de las cosas. El jarrón de acá para allá, el sillón, los cuadros, mi padre. Y cuando yo intentaba crecer, zas – zas, cortaba los caminos de mi pelo. 

Huele a gasolina y hace frío. Tengo miedo de encender el fósforo. Va a llover nieve sucia. Estoy en un pueblo abandonado de Europa del Este, estiro el vestido para taparme. Todo lo que me rodea parece a punto de derrumbarse. Una anciana que lleva una gallina en los brazos tropieza y cae de rodillas. El ave que no sabe volar es arrojada al aire. 

 Natalia Litvinova, Siguiente vitalidad, inédito

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