miércoles, 18 de marzo de 2015

lazos de familia

En el número de diciembre de 2008 de El Amante, haciendo gala de un "elegantísimo desdén", los señores Noriega, Antín y Filippelli se dedican a echarse mutuamente flores y a proponerse para el bronce. Este abierto ejercicio de ego no es ni más ni menos que una insistente reivindicación de paternidad sobre el NCA [Nuevo Cine Argentino], como si se invirtieran los beneficios de la herencia y los padres aspiraran a recibir lo cosechado por sus hijos. Pero el NCA no tiene padres (ya que están ausentes o desaparecidos), sino tíos o abuelos (categoría en la que entrarían algunos de los mencionados), y la metáfora no se agota en esos lazos de familia, pues el NCA -como cualquier proceso abierto- es un fenómeno complejo, en el que influyen más las condiciones de posibilidad de una época que el nombre de un atajo de iluminados, como reconocía Llinás en fecha temprana [Entrevista de Quintín en El Amante, Nro. 124, Bueno Aires, agosto 2002].

"El problema con el llamado nuevo cine argentino es que se le armó una inmensa estructura, como si hubiera un movimiento cinematográfico detrás. Hay una película inaugural Pizza, birra, faso; un momento de ápice, Mundo grúa; una película de madurez, La Ciénaga; un maestro como puede ser Filippelli, al menos para las películas de la FUC; un órgano de celebración como El Amante, un campo de acción como el festival de Buenos Aires. Está todo lo que se necesita para relatar la historia y afirmar la fuerza de una corriente. Están todos los adornos, pero lo que falta es la obra:una manera diferente de hacer cine" . 

Nicolás Prividera, El país del cine, Los Ríos, Córdoba, 2014

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