miércoles, 21 de enero de 2015

las vidas de quienes

Ante la publicación de las fotos de Abu Ghiraib, yo había intentado relacionar tres términos distintos en mi esfuerzo por comprender la dimensión visual de la guerra en relación con la pregunta: qué vidas son dignas de duelo y qué otras vidas no lo son. En el primer caso, hay normas, explícitas o tácitas, que dictaminan qué vidas humanas cuentan como humanas y como vivientes, y qué otras no. Estas normas están determinadas en cierto grado por la pregunta de cuándo y dónde la pérdida de una vida merece llorarse y, correlativamente, cuándo y dónde la pérdida de una vida no merece ser llorada y es irrepresentable. Esta formulación algo expeditiva no pretende excluir esas vidas que son, a la vez, lloradas y no lloradas, que están marcadas como perdidas pero que no son plenamente reconocibles como una pérdida, como, por ejemplo, las vidas de quienes viven con la guerra como trasfondo intangible pero persistente de la vida cotidiana.

Estas normas sociales y políticas de carácter amplio operan de muchas maneras, una de las cuales es la inclusión de marcos que rigen lo imperceptible, que ejercen una función delimitadora, que enfocan una imagen a condición de que quede excluida cierta porción del campo visual. La imagen así representada significa su admisibilidad en el ámbito de la representabilidad, lo que, a su vez, significa la función delimitadora del marco, al tiempo que, o precisamente porque, no lo representa. En otras palabras, la imagen, que se supone que es portadora de la realidad, aparta, de hecho, la realidad de la percepción.

Judith Butler, "La tortura y la ética en la fotografía", Kilómetro 111 | Ensayos sobre cine, n° 12, 2014

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