domingo, 25 de enero de 2015

dejar de mirar

Sobre la mirada (muerta) de un conejo. Se puede empezar por la muerte de la mirada de un conejo. Por suerte es lo único que vi morir hasta el momento y en cierto modo lo peor que me ha pasado en la vida por lo menos en lo que atañe a la cercanía de la muerte como experiencia presente, físicamente inmediata y visible. Estuve en varios velorios pero nada se compara a lo que me pasó con ese bicho. Lo había traído apenas un par de semanas antes y durante todo ese tiempo no dejó de dar vueltas por la casa. Un día, sin embargo, me sorprendió no verlo pasar a cada rato. Me puse a buscarlo hasta que finalmente lo encontré en una de las piezas, respirando ya con extrema dificultad. Ver la muerte de alguien es verlo dejar de mirar, notar la ausencia de mirada en los ojos: el vacío, la falta. No me refiero al cierre de los párpados, sino al fundido gradual de la mirada. Si morir es entre otras cosas dejar de mirar, el espectáculo de la muerte consistirá en ver justo ese instante en el que la mirada deja de serlo, se fija, se disuelve, se apaga. Ese quedarse de buenas a primera sin devolución posible de la mirada, sin respuesta del ojo del otro habituado a garantizar nuestra presencia tiene que ser la experiencia más insoportable de todas, que no es la del dolor inflingido, sino la del vacío.

Marcos Vieytes; Subjetiva de nadie

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